sábado, 6 de agosto de 2011
? Antes de que cualquiera de nosotros busque las cosas maravillosas que ofrece el evangelio con respecto a nuestra salvación, debe estar convencido de que es un pecador perdido. El primer sermón evangelístico (buenas nuevas), que fuera predicado, se halla en el libro de Hechos 2:14-40. En este sermón se les dijo a los que oían que ellos eran pecadores, y culpables de la crucifixión de Jesús. Escucha su respuesta: "Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos?" (Hechos 2:37). ¿Por qué hicieron tal pregunta? Era porque se consideraron a sí mismos pecadores. Se dieron cuenta de que estaban culpables y perdidos, y por eso querían descubrir lo que debían hacer para quitarse de encima el pecado y ser salvos. Ni usted ni yo ni nadie podría preguntar nunca, "¿qué debo hacer?", hasta que no se considera así mismo pecador y necesitado de la salvación. Cuando admitimos nuestro pecado, entonces estamos dispuestos a emprender las instrucciones de Dios de cómo ser salvo y cómo asegurar que él nos ha salvado. El pecado es una cosa terrible. Nos separa de Dios. Déle, pues, seria atención a este estudio, aplicándolo a su propia vida. ¿QUE ES PECADO? Todo aquél que comete pecado, infringe también la ley, pues el pecado es infracción de la ley" (1 Juan 3:4), Usted puede ver, por medio de esta escritura, que el pecado es algo que se opone a la ley de Dios. En otras palabras, todo aquello que se oponga a las enseñanzas del evangelio (el Nuevo Testamento) es pecado. He aquí la manera de cómo lo dice Juan: "Toda injusticia es pecado" (1 Juan 5:17). Hay tres modos diferentes de cómo podemos pecar. Primero, pecamos al hacer lo que la palabra de Dios claramente prohibe. Cosas tales como, fornicación, adulterio, borrachera, idolatría, mentira, robo, asesinato, odio y codicia. Los siguientes pasajes enumeran algunas de las cosas que debemos evitar: Mateo 15:19; 1 Corintios 6:9,10; Gálatas 5:19-21; Efesios 4:25-31; 5:3,4; 2 Timoteo 3:2-4; 1 Juan 3:15. Segundo, pecamos al no hacer lo bueno. No sólo pecamos al entregarnos a las cosas antes mencionadas, sino también al dejar de hacer lo bueno cuando indiscutiblemente tenemos que ponerlo en practica. En otras palabras, Dios no solamente quiere que nos abstengamos del mal, sino que también desea que hagamos lo bueno. Santiago dice: "Y el que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado" (Santiago 4:17). Tercero, pecamos cuando llevamos una actitud incorrecta. El Nuevo Testamento no sólo censura los actos externos, sino también las cualidades internas como el corazón, los motivos, las intenciones y los deseos. Considera los pasajes tales como Mateo 5:21-22, 27-28 y Marcos 7:21. ¿CUAL ES EL ORIGEN DEL PECADO? El pecado empezó con Satanás. Juan dice: "El que practica el pecado es del diablo; porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo" (1 Juan 3:8). Por esta razón aquéllos que viven una vida de pecado son considerados como si fueran hijos del diablo (Juan 8:44; 1 Juan 3:10). Satán está siempre tratando de conducirnos al pecado (Juan 13:2; Hechos 5:3). El hace esto por medio de la tentación (1 Corintios 7:5; 1 Tesalonicenses 3:5). La tentación excita nuestros naturales deseos de la carne (Santiago 1:14; 1 Juan 2:15-17). ¿ES PECADO SER TENTADO? No. Solo somos culpables de pecado cuando le damos paso a la tentación (Santiago 1:12,15). Hasta Jesús fue tentado, pero no pecó (Hebreos 4:15; Mateo 4:1-11). El hecho de que Adán y Eva fueran tentados por lo que el diablo les pusiera delante no los convirtió en pecadores. El pecado aconteció cuando cedieron a la tentación y quebrantaron, de esa manera, la ley de Dios. Lo mismo ocurre con nosotros. Dios no nos considera pecadores porque seamos tentados. Llegamos a ser culpables de pecado sólo cuando nos dejamos dominar por la tentación y ofrecemos resistencia a la ley de Dios. ¿CUANTOS HAN PECADO? Toda persona responsable por sus actos ha pecado. Ninguno de nosotros tiene derecho de afirmar: "¡No soy culpable!" Pablo dice: "No hay justo, ni aun uno" (Romanos 3:10). Después, en el mismo capítulo añade: "por cuanto todos pecaron, y están destituídos de la gloria de Dios" (Romanos 3:
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